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Luci y Linda, o cómo empecé en los blogs analógicos

Hace tiempo que quería hablar en el Blog de mi perra Linda, pero como me conozco sabía que iba a ser un post largo y me daba pereza, hasta hoy. Os aviso de antemano: mis temores no eran infundados, y creo que me este es el post más largo de los que he escrito. Sed bienvenidos a una parte de mi infancia.

Luci:

Luci era una coneja enana que me regalaron y tuve durante unos años. Vivía en el jardín, en una jaula con caseta que le hizo mi padre. La verdad es que no interactuaba mucho, pero si le ponías hojitas de comida en la verja de su jaula se acercaba a cogértelos de la mano.

Hay mucha gente a la que los conejos les parecen unos animales de compañía adorables. A mí me parecen animales adorables, pero no de compañía.

Linda:

Linda llegó un día a nuestra casa de la mano de un primo mío. Era una perra de caza, y como tal se la iba a llevar mi primo a las cacerías y a pescar. Hasta que siendo muy pequeñita se tragó un anzuelo y estuvo a punto de morir. A partir de entonces se acabó ser perra de caza, y comenzó una vida de perro de familia con el anzuelo aún en la garganta. La verdad es que no recuerdo por qué no la operaron para quitárselo, pero creo que era porque la operación resultaba muy peligrosa en un cachorro; o a lo mejor porque era muy cara, no lo sé.

Era como mi muñeca: jugaba con nosotros al fútbol, la vestía con ropita de bebé (aunque hacía un agujero a la ropa a la altura del culete para que pudiera sacar el rabo), me ponía los patines y la usaba de perro de tiro… Ladraba a cualquiera que nos hiciera a mis hermanos o a mí una aguadilla, ladraba a los pájaros cuando la decía que buscara (Linda, busca, busca!).

Todas las mañanas, cuando nos íbamos al colegio y mis padres abrían la puerta del jardín para sacar el coche, ella se escapaba a la calle y subía corriendo hasta la puerta de unos vecinos que tenían perros. Les ladraba un poco, y a los 10 minutos volvía con el rabo entre las piernas, porque sabía que había hecho mal e íbamos a regañarla. Recuerdo a mi madre diciéndole: ¡Qué!, ¿ya te has dado tu paseíto? y la perra haciéndose la compungida, pero al día siguiente lo volvería a hacer. Si es que era super lista

Aprendió por ejemplo que si mordía las nueces que caían de los árboles al suelo, dentro había cosas comestibles. También, cuando nos montábamos en coche siempre siempre se sentaba en las alfombrillas de la parte de atrás del coche. O, y esto no se lo digáis a mis padres, ella sabía que cuando yo estaba sola en casa podía (y debía) venirse conmigo a mi habitación a hacerme compañía. Sin embargo, si había alguien más, no pasaba del felpudo de la entrada.

Mi padre también le hizo una caseta para que durmiera, era una mini casita con tejas y todo. Y puerta de plástico transparente (tipo gato). Tardé 5 minutos en enseñarla que para entrar en su nueva casita tenía que empujar la puerta con el hocico. ¡Más lista!

Una de las cosas a las que jugaba con ellas era a soltar a la coneja por el jardín. Luci siempre se ponía a correr y a correr, y se escondía entre las hierbas. En ese momento, y siempre con correa por lo que pudiera pasar, le decía a Linda: ¡Busca, busca! Y la encontraba.

Tengo muy pocas fotos de ellas. Una de las pocas es ésta que está en casa de mis padres. La foto y el marco los hice yo hace ya unos cuantos añitos… podríamos decir que hice un blog analógico.

SONY DSC

Blog analógico. Aún está funcionando.

Si nos acercamos un poco más se las ve mejor:

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No se llevaban ni bien ni mal. Se toleraban que ya es bastante.

 

Precipitado desenlace

Desgraciadamente Linda tuvo una vida muy corta, unos cuatro años solamente. Un día, habíamos subido a casa de mi abuela con la perra, y cuando fui a llamarla (también tenía allí su casetita), no venía. Raro. Ya nunca más la vi, pero según oí comentar a mi padre, por el gesto y cómo se quedó parecía como si se hubiera envenenado. Quién sabe, quizá alguna de esas escapadas de cuando íbamos al colegio fue letal. O a lo mejor se le volvió a enganchar un globo en el anzuelo que aún tenía en la garganta (ya le pasó una vez y estuvo muy malita, aunque al final echó el globo).

Cuando murió, lloré, y lloré , y lloré… Me acuerdo que era justo antes de verano, porque yo para entonces estaba haciendo planes de juegos con la perra. Entre otras cosas, y esto lo cuento desde el anonimato que me brinda Internet,  iba a intentar analizar cuántos ladridos daba para cada cosa, a ver si conseguía encontrar un patrón para hablar con ella. Sí, los dibujos animados de David el Gnomo, el Libro de la Selva (no el de Disney), el Capitán Planeta, y en general humanos hablando con animales me impactaron mucho.

Decía que lloré y lloré, y sufrí la pérdida como si hubiera sido alguien de mi familia. Entonces entendí lo que siempre decía mi madre “No hija, no vamos a tener más animales que se sufre mucho cuando se mueren”. Aunque una cosa es el dicho y otra el hecho, y de momento ya os he hablado de Cleo, Lola, Pirata, la yegua, las gallinas… Podéis pinchar en cada nombre si os perdisteis la historia. Aún me queda una larga lista que presentaros: Las Patas, Amarillo, Totó,  Cazán, Paco, La Tortuga, Los Periquitos…

Lo que sí que es cierto es que tras Linda, no he vuelto a tener ningún perro. Y pasó mucho mucho tiempo hasta que volvimos a tener un animal tal cercano como Linda. Este animal fue Lola. Y aunque yo no quería un gato, quería un perro, al final también vino a casa y se convirtió en una “gata de familia”. Aunque esta historia ya os la sabéis porque ya la he contado.

 


Publicado originalmente en https://catsandroids.wordpress.com/ 

This work is licensed under a Creative Commons Attribution Non-commercial Share Alike license.

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9 comentarios el “Luci y Linda, o cómo empecé en los blogs analógicos

  1. Me ha gustado mucho la historia, aunque sea triste desprende amor y sensibilidad por todos lados y siempre he valorado eso. Es siempre así con los animales eh? les quieres mucho y lo pasas fatal cuando se van..pero al menos sabemos que les dimos la mejor vida que pudimos no?

  2. Yo hace poco perdí a un gran perro, y fue mejor tenerlo, aunque sólo fuera 5 años, fueron 5 grandes años, sufrimos con la pérdida, pero en su día disfrutamos de su compañía y hoy aunque me emocione con el recuerdo (ahora mismo me saltan lagrimitas) también disfruto rememorando grandes momentos,… Es que son nuestra familia…

  3. Si es que siempre nos dejan muy marcados. Desde que murió mi Blacky, un perrito que me seguía cuando iba al insti, que logré adoptar porque mi madre decía que no, que se sufre y eso, hasta Efi, no volvía tener más.
    Se los quiere a rabiar! Sigo soñando con él y hace ya siglos que no está
    Saluudos!

  4. La verdad es que no tenía intención de que quedara un post triste, pero supongo que el ponerse triste al recordar a alguien que querías es algo que no se puede evitar.

  5. Que bonita la foto de Linda y Luci. Qué pena que su vida fuera tan corta.

  6. me ha encantado esta entrada, tu Linda me recuerda mucho a Chica, la perrilla de mis padres ^^

  7. […] que cuando os hablé de mi perra Linda se me pasó contaros el pequeño detalle de que cuando vivía con ella aprendí a ladrar y a llorar […]

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